Uno trabaja sobre el crecimiento y desarrollo óseo; la otra, principalmente sobre la posición de los dientes. Pero hay mucho más detrás.
Cuando un padre escucha la palabra ortodoncia, probablemente piensa en brackets.
Y es lógico.
Pero cuando hablamos de niños, existe otro concepto que es muy importante conocer:
la ortopedia maxilar.
Y aunque ambas pueden formar parte de un mismo tratamiento, no hacen exactamente lo mismo.
Entonces, ¿qué hace la ortopedia?
La ortopedia maxilar busca intervenir sobre determinadas alteraciones relacionadas con el crecimiento y desarrollo de los maxilares.
Por eso tiene especial importancia durante la etapa de crecimiento.
Imagina que el maxilar superior es demasiado estrecho o que existe una relación inadecuada entre los maxilares.
En determinados casos podemos utilizar recursos que buscan modificar o acompañar ese desarrollo, creando mejores condiciones para la función y para la posición futura de los dientes.
Aquí pueden entrar diferentes dispositivos, como expansores, disyuntores, levantadores de mordida y distintos sistemas de tornillos, dependiendo de lo que necesitemos corregir.
Y no, no existe un aparato que sirva para todos.
El aparato es la herramienta. El diagnóstico es lo que determina qué herramienta necesitamos.
¿Y qué hace la ortodoncia?
La ortodoncia se ocupa principalmente de corregir la posición de los dientes y la relación entre ellos y la mordida.
Por eso podemos utilizar brackets, alineadores u otros sistemas para mover los dientes hacia posiciones más adecuadas.
Pero aquí viene algo importante:
mover dientes no es lo mismo que modificar el crecimiento de los maxilares.
Y precisamente por eso, en algunos niños esperar a que todos los dientes permanentes hayan salido para evaluar una alteración puede significar perder una etapa importante de crecimiento.
También puede ocurrir algo mucho más concreto:
esperar demasiado puede hacer que ya no sea posible ganar el espacio que necesitamos para que determinados dientes permanentes puedan salir correctamente.
No quiere decir que todos los problemas deban tratarse inmediatamente.
Quiere decir que hay que saber qué está pasando antes de decidir cuándo intervenir.
¿Entonces a qué edad debe comenzar un tratamiento?
Aquí no existe una edad mágica.
Lo que sí existe es una etapa de crecimiento que debemos observar.
Por eso, la vigilancia odontológica debe comenzar desde pequeños y mantenerse con controles periódicos, incluso cuando aparentemente “todo está bien”.
Una evaluación temprana puede mostrarnos que no hay nada que hacer por ahora.
Perfecto.
Seguimos observando.
Pero también puede permitirnos detectar una alteración mientras el niño todavía está creciendo y, en determinados casos, aprovechar ese crecimiento para intervenir.
Y aquí está la diferencia:
evaluar temprano no significa tratar temprano.
Significa tener información suficiente para decidir si debemos observar, prevenir o intervenir, y cuál es el momento adecuado para hacerlo.
En algunos pacientes puede ser necesario trabajar primero sobre el desarrollo de los maxilares y posteriormente sobre la posición de los dientes.
En otros, el tratamiento puede requerir únicamente ortodoncia.
Y en algunos casos pueden combinarse diferentes etapas y herramientas.
Por eso no me gusta cuando alguien pregunta:
“¿A qué edad le pongo brackets?”
La pregunta debería ser otra:
“¿Cómo está creciendo y qué necesita mi hijo?”
Porque antes de elegir un aparato, necesitamos entender al paciente.
Y esa es justamente la razón por la que una buena evaluación odontológica durante la infancia puede hacer tanta diferencia.
No se trata de empezar antes.
Se trata de llegar a tiempo.
Artículo escrito por Od. Alvis Gabriela González
Odontóloga · Especialista en Rehabilitación oral.
Directora de Odontoconciencia

